26.11.09

Cine bastardo: emancipación de la creación y de la mirada.

Esta fue mi ponencia en la mesa redonda celebrada ayer en La Casa Encendida, que sirvió de cierre al ciclo "El Ruido y el píxel: cine bastardo":
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Me parece necesario comenzar recordando que las imágenes, en su mayor parte, se construyen de acuerdo a convenciones sociales y estéticas. Pero creo que aquí nos interesa, dados los nombres del ciclo y de la mesa, fijarnos en la menor parte (en caso de que esta existiera): la de aquellas imágenes minoritarias que se escapan de lo convencional.

Los dispositivos audiovisuales no ortodoxos (con los que se han realizado todas las piezas proyectadas a lo largo del ciclo), tienen dos características muy interesantes. Por un lado, está su accesibilidad técnica. El hecho de que buena parte de la población –hablando desde un contexto occidental- tenga acceso al registro audiovisual dados su bajo coste y sencillo manejo. Por otro lado, está la estética ruidosa a la que la mayoría de las imágenes generadas con estos dispositivos van ligadas. Ambos aspectos, me hacen entender estos dispositivos no ortodoxos como posibles vías de escape de la maquinaria discursiva institucionalizada, y por tanto de las industrias de opresión simbólica.

No obstante, estas dos características merecen ser miradas más de cerca. La accesibilidad implica una capilaridad en la producción audiovisual que significa que “todo el mundo pueda generar material audiovisual”. Esto es halagado desde la institución, y se habla de democratización de los medios. Sin embargo, creo que más que de democracia se trata de una oclocracia (no es el gobierno del pueblo, sino de la muchedumbre). Este matiz es el que me lleva a ver como necesaria la diferenciación entre el prosumer y el amateur. Para explicar esto voy a usar una cita de Maya Deren[1]:

“La misma palabra amateur –del latín amator, ‘amante’- alude al que hace algo por amor a ese algo, y no por razones económicas o por necesidad. Y este es el sentido que el cineasta amateur debe dar al término. En lugar de envidiar los guionistas y escritores de diálogos, los actores entrenados, los elaborados equipos y sets, los enormes presupuestos de producción del cine profesional, el amateur debe hacer uso de la gran ventaja por la que todos los profesionales le envidian, esto es, la libertad –tanto artística como física.”

Después de esta cita quisiera abordar brevemente la figura del prosumer. Éste, haciendo uso de esa accesibilidad de la que hablo, trabaja de forma inconsciente para la industria, puesto que pone su actividad a merced de la opresión simbólica. Para defender mi postura quiero hacer uso de una segunda cita, esta vez de Foucault[2]:

“En la megalópolis mediática donde todo tiene lugar el poder debe ser analizado como algo que circula. Los individuos, sin embargo, no son ya los puntos de aplicación del poder sino su vehículo.”

Así, podríamos identificar al prosumer como miembro de la muchedumbre que, en manos del poder, genera material audiovisual. Mientras, el amateur podría ostentar el título de “miembro del pueblo” en términos aristotélicos. Ahora sí, podemos entroncar la figura del amateur con aquella segunda característica definitoria de los dispositivos no ortodoxos: la estética ruidosa. Como dice Deren, el amateur hace amando lo que hace, y si lo hace con un medio con resultado visual ruidoso, amará esa estética. Será píxel lover. Creo que eso es lo que hemos hecho en este ciclo, amar al píxel, al ruido, al desgaste de la cinta VHS.

Si antes he afirmado que la accesibilidad técnica y la estética del ruido son posibles vías de escape de la maquinaria discursiva institucionalizada, y por tanto de las industrias de opresión simbólica, creo que lo anterior explica mi postura. Esta maquinaria corrientemente se queda en los presupuestos sólo aptos para profesionales, y en la imagen impoluta. Los que queramos practicar el contradiscurso, o buscar significados alternativos, tenemos aquí una muy buena opción de hacernos con el poder enunciativo y de ser hijos bastardos de la industria audiovisual. He dicho buscar significados, porque efectivamente creo que la libertad a la que aludía Maya Deren al hablar del amateur, mucho tiene que ver con la búsqueda, con el ensayo y error, con el aprender haciendo arte y ensayo.

Quiero ahora pasar a una reflexión muy relacionada con lo anterior, pero no tanto con la producción de artefactos audiovisuales generados con dispositivos no ortodoxos. Me interesa ahora la recepción de ese material, la mirada. Si la producción de prosumers y amateurs se nos presenta mezclada, como a menudo ocurre, habrá que agudizar la mirada, auto-educarla para discernir. Tendremos que dedicar tiempo a ejercer una mirada de calidad hacia una producción ingente en la que caben calidad y no-calidad. Lo llamativo de esto es la posibilidad que se ofrece a todas aquellas miradas que lo deseen, de voltear significados, o de ver lo que los amateurs contradiscursistas muestran. Aunque la saturación puede ser una trampa, hay que hacer un esfuerzo por mirar calmadamente, dejándole al tiempo reflexivo hacer su trabajo. Aunque el acceso a la producción simbólica sea más fácil, es importante mantener presente que para generar pensamiento es clave el tiempo reflexivo. Si miramos libremente, conseguiremos que la recepción sea también bastarda.

Para ir terminando, quisiera haceros ver que durante mi intervención he estado todo el tiempo hablando de una emancipación, tanto en la producción como en la mirada. Y es que creo que el cine bastardo es el hijo emancipado del cine normativo, del generado por la institución. Toda emancipación implica una búsqueda de identidad –o al menos reajuste-, y supongo que ahí se deberá colocar esta mesa. Con los medios no-ortodoxos tenemos la posibilidad de ensayar identidad.

Acabo con una anécdota: cuando mi pieza estuvo en un festival de documentales madrileño, acudí a un encuentro de realizadores en el que se mantuvo toda una discusión en torno al dispositivo que yo había utilizado para grabar –mi teléfono móvil-, y al hecho de que las personas que aparecían en el corto no habían sido informadas de ello. Se tachó a mi trabajo de inmoral e ilegal. Creo que hoy por fin he podido explicar que precisamente trato de escapar de las construcciones normativas –legales y morales- a la hora de mirar.

[1]Maya Deren, “Amateur Versus Professional”, Movie Makers Annual, 1959.
[2]Michel Foucault, en C. Gordon (ed.), Michel Foucault: Power/Knowledge, Harvester Press, Brighton, 1980. p. 98.

2 comentarios:

Yoly M dijo...

Jara, por Dios, estas cosas se avisan!!!!

Ángel Vela (palabras) dijo...

Muy simpatico.