Son los noventa. Cuatro jóvenes (Virginia Barratt, Julianne Pierce,
Francesca da Rimini y Josephine Starrs) deciden combatir el calor del
verano australiano iniciándose en el chick porn (porno para
mujeres). Utilizando ordenadores robados, su propósito inicial se
desvanece progresivamente y deriva en la creación del Cibermanifiesto feminista para el siglo XXI (1991) y All New Gen
(1993), un videojuego para ‘géneros no específicos’. Nace VNS Matrix.
Paralelamente, la teórica británica Sadie Plant reclama la cibernética
como un espacio feminizante y feminizador; Sandy Stone, pensadora y
artista transexual estadounidense, apunta la perpetuación de cuerpos
sexuados en términos binarios en el espacio virtual como una extensión
en red del poder heterocapitalista patriarcal; Donna Haraway publica Manifiesto para cyborgs: ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX (1991).
Veinticinco años después, poco queda de esa autonomía e independencia
del ciberespacio proclamada por las artistas y teóricas pioneras en el
contexto específico de internet. Tras la caída de las dotcom,
el devenir social de la red y, consecuentemente, la imagen de sus
usuarixs, se encuentra capitalizado y normalizado por megacorporaciones
empresariales. No obstante, como en todo sistema, existen fisuras,
espacios para la militancia y la disidencia. Oportunidades de desertar.
El ciberfeminismo no ha muerto, sino que, al igual que internet, ha
evolucionado en otras corrientes y formas de acontecer (cyborgfeminismo,
technofeminismo, xenofeminismo, transfeminismo), -ismos híbridos que atraviesan todo tipo de tecnologías, formatos y expresiones artísticas.
Hasta que las cosas y los cuerpos sean como queremos que sean
no es un ciclo de cine. Se trata más bien de un conjunto de obras
audio/visuales que se oponen a la norma, a la taxonomía, al paradigma
biológico de lo ‘natural’, a la Realidad con mayúscula y unívoca, a la
pureza y al binarismo. Atravesadas todas ellas por la relación entre
tecnología y género (entendido éste como un constructo social no
limitado únicamente a la norma sexual, sino extensible a todo sistema de
dominación identitaria), las piezas comisariadas abordan la
(de)construcción de cuerpos y roles desde una perspectiva queer,
tecno(dis)útopica, a veces mística; recuperan ese potencial liberador
primigenio del ciberespacio y las telecomunicaciones, convirtiéndolas en
herramientas para trascender la carne; se agencian el código estético y
narrativo propio de internet, lo subvierten; son fracturas,
manifiestos, (auto)retratos, (hiper)conexiones. Ruidos que proponen una
mirada autónoma e independiente de estándares (a veces colectiva pero
siempre ‘alien’) sobre la propia imagen, que buscan borrarla y retomarla
de nuevo, jugar con ella, erotizarla, moldearla, pixelarla,
sobreexponerla y volver a borrarla hasta que las cosas y los cuerpos
sean como queremos que sean.
Comisariado por Quiela Nuc
>> DOMINGO 22 ENE. 18:30 H, Móstoles: MyMy
Anna Helme, 2014, inglés, subtítulos en español, 14 min
I.K.U.(This is not LOVE. This is SEX)
Shu Lea Cheang, 2000, inglés-japonés, subtítulos en español, 74 min
Charla con Jara Rocha
Desde dos narrativas y estéticas muy dispares y distantes en el tiempo, I.K.U. y MyMy
navegan en el potencial de la tecnología para construir y destruir los
límites anatómicos, oponiéndose a la noción monolítica y hermética del
ser humano. Plantean cuestiones sobre la corporativización del cuerpo y
las sensaciones, la viralidad y la creación de comunidades afines. Ambas
artistas conciben el cuerpo como un contenedor hecho para ser abierto,
compartido y codificado. Influenciadas por los textos fundacionales de
VNS Matrix, Donna Haraway, Greg Bear y Judith Butler; Shu Lea Cheang
idea un universo distópico en el que grandes empresas negocian con
orgasmos, mientras que en la tecnoutopía de Anna Helme las «personas»
pueden generarse a partir de un juego DIY (Do It Yourself / Házlo tú
mismx). En las dos piezas, la red aparece como extensión del cuerpo,
como un todo indivisible en constante retroalimentación.